Ajuste del impuesto a los combustibles

Como parte de la preparación para la Agenda de Innovación 2010-2020, el Consejo Nacional de Innovacion analizó la eficiencia de plataformas transversales y nuevas tendencias globales que pueden afectar la productividad y el crecimiento de largo plazo de sectores clave de la economía. En ese marco se estudiaron la logística en los sectores de exportación y las estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático.

Respecto del primer tema, Chile tiene un costo de logística que es el doble que el promedio de los países de la OCDE y presenta una partición modal entre transporte de carreteras, ferrocarriles y cabotaje, absolutamente distorsionada: 90% de la carga usa el transporte por carretera, mientras que en países competidores como Nueva Zelandia y Sudáfrica esta cifra no supera el 70%. Uno de los principales aspectos que sesga la partición modal es la distorsión entre los costos privados y costos sociales de usar los diferentes modos de transporte.

El impuesto al diésel busca principalmente cobrar a los actores privados por los costos que se imponen a toda la sociedad por el uso de un modo de transporte que es responsable por el deterioro de la infraestructura carretera, accidentes, contaminación local y global. Este tributo se redujo en 2001 y adicionalmente (en 2009), para enfrentar la crisis internacional, se definieron rebajas tributarias mayores a las empresas más pequeñas, medida que vence en junio de 2010.

El estudio encargado por el Consejo muestra que para internalizar los costos externos del modo carretero se tendría que ajustar el impuesto al diésel al nivel de previo a 2001 y aumentar los peajes (de camiones y buses) en las carreteras. De otro modo, seguirá existiendo una distorsión en la partición modal del transporte de carga que afectará los costos de económicos y ambientales de las actividades exportadoras. Adicionalmente, la vinculación de la rebaja al tamaño de la empresa ha generado una situación donde 80% de las empresas tiene dos camiones a lo menos, lo que implica una pérdida de economías de escala que afecta los costos logísticos del país.

En materia de cambio climático, Chile suscribió en Copenhange un compromiso de reducción en 20% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2020.

El Consejo de Innovación colaboro con el Banco Mundial en un estudio de las opciones de adaptación y mitigación frente al cambio climático para Chile y la principal conclusión es que los ahorros de emisiones que tendrían un costo muy bajo o incluso cero en términos de crecimiento, están en el sector transportes, tanto de carga como de pasajeros.

En el caso de la carga, el cambio a favor del ferrocarril y cabotaje tiene como principal beneficio la reducción de gases de efecto invernadero. En el ámbito de pasajeros, la principal conclusión del estudio del Banco Mundial es que se debe fortalecer el transporte público y desincentivar el uso del automóvil. Esto implica restablecer el impuesto a la gasolina tal como está planteado en la ley que lo modificó transitoriamente. Esta mediada debería ser complementada por tarificación vial en las zonas de elevada congestión.

En conclusión, el impuesto a los combustibles, tanto a las gasolinas como al diésel, cumple importantes objetivos de eficiencia económica y ambiental, además de ser un mecanismo de recaudación fiscal muy eficiente y equitativo. Por ello, no se debe caer en la tentación de satisfacer demandas que no contribuyen en nada al objetivo de aumentar la eficiencia y equidad de la economía chilena.

 

Esta opinión fue publicada originalmente el 25 de febrero de 2010 en Diario Financiero.    

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Comentarios

Primero quisiera felicitar por su nombramiento a Don Fernando Flores Labra. Sin duda será un gran aporte al desarrollo del país, y sobretodo, el que no haya emigrado a Estados Unidos. Respecto al tema del impuesto a los combustibles, es un sueño de muchos chilenos el que el ferrocarril vuelva a ser la viga maestra del transporte en Chile, por su eficiencia, menor contaminación etc. Ahora, creo que debieramos tener primero un transporte publico eficiente antes que gravar a la clase media con impuesto al combustible en condiciones en que nos vemos obligados muchas veces a ocupar el automovil por la ausencia de una oferta de transporte publico eficiente. Además, se grava a los que cargamos combustible en las bombas de bencina cuando el 80% del combustible ocupado en el país no es por esta vía, sino las empresas que ocupan otros derivados del petroleo mucho mas contaminantes y que no pagan tan alta tasa impositiva. Un abrazo, y estoy a su disposicion para apoyar el desarrollo de nuestro país.

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