En 2007, el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad identificó a la acuicultura como uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento y de desarrollo de servicios y encadenamientos con proveedores con elevada capacidad de innovar. Se señaló, no obstante, que la concreción del potencial enfrentaba desafíos en el ámbito sanitario, ambiental y de nutrición y alimentación. Todo ello, con anterioridad a que se manifestara el brote del virus ISA con las consecuencias conocidas por todos.
Frente a este nuevo escenario, el Consejo decidió actualizar el estudio del cluster para generar orientaciones respecto de las nuevas prioridades estratégicas, relevando las decisiones públicas y privadas que se deben adoptar para poder avanzar rápidamente en la recuperación del sector. El trabajo se alimentó de la opinión de científicos, ingenieros, empresarios y entidades públicas, y la conclusión es clara: para el desarrollo sustentable del sector se requiere de un cambio de paradigma productivo que, entre otros aspectos fundamentales, reduzca drásticamente los riesgos de transmisión vertical y horizontal de enfermedades.
Este cambio de paradigma requiere que el sector lleve adelante, de manera prioritaria, un cambio de la gestión de operaciones y logística y un conjunto de proyectos de inversión que permitan recuperar el mejor material genético, mantener los reproductores y desarrollar la producción de ovas y smolts en tierra con recirculación de agua dulce. Estas iniciativas –que podrían recibir apoyo financiero de Corfo mediante el sistema de garantías– debieran permitir abastecer de juveniles a toda la industria nacional y reducir la importación de ovas al mínimo necesario solo para la renovación de material genético.
A ello se debe agregar una estrategia de investigación que incluya como piezas clave el desarrollo rápido de vacunas e inmunoestimulantes (con apoyo de la biotecnología) y el mejoramiento genético para aumentar la resistencia a enfermedades. Para reducir la transmisión horizontal, como ha propuesto la Mesa del Salmón, es fundamental, además, implementar el concepto de gestión de barrios acuícolas en que se limita la salida y entrada de agentes transmisores de enfermedades a ciertas áreas y se coordina el descanso de sitios de engorda.
No obstante que estas medidas sean concordadas por las empresas, la autoridad debe fiscalizar su materialización y para ello el Consejo de Innovación recomienda separar el rol de regulación (a cargo de una Subsecretaría de Pesca), fiscalización (en manos de Sernapesca) y monitoreo sanitario ambiental (a cargo del Instituto de Fomento Pesquero, IFOP, mediante contratos plurianuales), con el fin de promover mayor especialización, contrapesos y confianza en el sistema. La mayor autonomía y capacidad científica del IFOP permite mantener capacidades de largo plazo y dar mayor confianza sobre la fidelidad de la información.
Finalmente, toda vez que la relocalización de centros de cultivo llevará a una expansión del área geográfica de cultivo del salmón, el Estado debe planificar la infraestructura necesaria para la competitividad del sector, considerando las nuevas demandas logísticas que se derivan de la necesidad de reducir el transporte de peces en el mar para evitar la transmisión de enfermedades y el desarrollo de servicios básicos en nuevos poblados que se desarrollaran en la Región de Aysén.
Mientras mejor coordinado esté el esfuerzo de reestructuración de la industria más rápidamente se podrá recuperar la sustentabilidad económica y el crecimiento de esta industria en el cual el país posee ventajas comparativas evidentes.
Esta columna fue publicada originalmente en el diario La Segunda el 8 de abril de 2009.



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