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Capital Humano e innovación

Enviado por Hugo Arias V. el 03/04/2009 a las 01:34 PM

El ex ministro de Educación Ernesto Schiefelbein planteó en estas páginas que la estrategia del Consejo Nacional de Innovación tiene un sesgo hacia el capital humano avanzado y no considera el aporte de otros tipos de capital humano. La verdad es que el consejo considera como un pilar fundamental el capital humano de calidad en todos sus niveles –técnico, profesional y avanzado (posgrados e investigadores)–, articulado en un sistema de formación a lo largo de la vida, que entregue a las personas una red flexible de oportunidades e itinerarios de aprendizaje para responder a sus intereses vocacionales, a los desafíos de desarrollo del país y a la realidad del mercado laboral al que aspiran llegar.

El Consejo ha propuesto construir un consenso en torno al rol clave de la innovación para el desarrollo de Chile y al papel protagónico de las empresas en esa área. Hoy sabemos que el valor de las empresas se hace cada vez más dependiente de activos intangibles, como la capacidad de aprendizaje de todos sus empleados y el talento para innovar en procesos y productos que alimenten la tarea sin fin de construir ventajas competitivas.

Es un desafío mayor para Chile, ya que arrastramos rezagos importantes en esta área.

El Consejo ha manifestado que Chile requiere de una reforma profunda en la educación para responder a los desafíos que impone un futuro marcado por la competencia y centrado en el conocimiento y la innovación. El diagnóstico apunta a que se requiere mejorar la cobertura, principalmente de la educación preescolar y terciaria, y la calidad, cuya deficiencia ha sido ampliamente reconocida por estudios nacionales e internacionales.

Más aún, el Consejo reconoce que aumentar la calidad depende de: mejoras de gestión para elevar la eficiencia; una real rendición de cuentas de los participantes de este mercado sobre el uso de los recursos y sus resultados; una adecuada relación entre el mandante (el Estado) que aporta los recursos y los operadores del sistema; mayor pertinencia en los contenidos de las etapas más tardías del proceso formativo con los requerimientos del mundo laboral; y una solución a las fallas de información que impiden que los usuarios puedan ejercer un control efectivo de los oferentes en este mercado.

El Consejo plantea que el sistema escolar debe desarrollar competencias básicas de nivel internacional en la población menor de 18 años, priorizando el desarrollo del lenguaje y la comunicación, el manejo de las matemáticas y del razonamiento propio de las ciencias, el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y el dominio del inglés.

Asimismo, cultivar en las escuelas y liceos las competencias, habilidades y comportamientos asociados a la creatividad y el emprendimiento mediante el empleo de métodos activos de enseñanza y experimentación en todos los sectores de aprendizaje. Y enfocado en la educación terciaria, se ha propuesto un sesgo a favor de la educación técnica basado en la acreditación de las instituciones y la certificación de las competencias de sus egresados. Este modelo de competencias, ha dicho el consejo, también debiera adoptarse en el ámbito universitario, especialmente en relación con habilidades transversales que permitan a todos los egresados enfrentar problemas de distinta índole –como ha planteado el doctor Schiefelbein– y responder a las exigencias de un mercado laboral que reclama de los trabajadores habilidades para enfrentar tareas no rutinarias analíticas e interactivas.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el diario La Tercera el 3 de febrero de 2009.

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