La última encuesta de Innovación Empresarial muestra que las empresas que innovan en Chile caen del 38% al 32% entre 2004 y 2006, mientras el esfuerzo en innovación definida en forma amplia baja del 1,61% al 1,2% del PIB, debido a la caída en las empresas grandes. Otro antecedente preocupante es que, de las empresas que innovan, solo 1,8% colabora con las universidades (2,1% en 2004): pareciera que el aumento de recursos para la ciencia universitaria no logra fortalecer este vínculo.
La encuesta nos muestra un sector empresarial que sigue en un estadio de madurez en que la principal fuente de innovación es la compra de bienes de capital: la innovación de productos, una de las más importantes en términos de generación de valor, retrocede marcadamente.
Estos resultados pueden explicar el bajo aumento de la productividad total de factores (de menos de 1%) en la última década (ritmo insuficiente para alcanzar el desarrollo al 2020) y avalan tanto la decisión de destinar los recursos del royalty a la innovación como la creación de un consejo experto que defina estrategias para generar una inflexión en esta materia.
El Consejo de Innovación ha planteado tres líneas clave para aumentar el esfuerzo de innovación de las empresas en Chile.
Primero, en los principales sectores productivos existen enormes brechas de productividad intrasectorial y con las mejores prácticas internacionales. Por ello, es urgente desarrollar programas de transferencia y difusión tecnológica y de mejores prácticas de gestión, especialmente en las pyme, que generan el 80% del empleo. Centros vinculados a universidades, asociaciones empresariales e institutos tecnológicos pueden cumplir un rol clave en este esfuerzo.
Segundo, se debe estructurar decididamente un modelo e "universidad para el desarrollo" con estrategias diferenciadas entre instituciones nacionales y regionales. Ello exige definir políticas comunes de gestión de la propiedad intelectual, estimular y orientar la investigación colaborativa en áreas de alto impacto en el desarrollo del país o las regiones. Además, desarrollar programas de posgrado en áreas prioritarias, complementar el esfuerzo local en investigación con el que se ha generado en el resto del mundo (sistema de innovación abierto) y crear unidades que estimulen el licenciamiento de tecnología y la creación de empresas tecnológicas. Corfo y Conicyt debieran apoyar fuertemente a las universidades comprometidas con esta visión, obviamente sujeto a evaluación de resultados concretos.
El crédito tributario para la contratación de I+D tendrá un efecto positivo solo en la medida que las universidades realicen esta transformación y que las empresas tengan incentivos para incorporar el desarrollo tecnológico a sus estrategias de negocios.
Tercero, debemos apostar por el desarrollo del emprendimiento innovador. Queremos que las nuevas generaciones de profesionales privilegien el emprendimiento basado en la tecnología, el capital humano y el conocimiento. Para ello, debemos fortalecer, a través de Corfo, el desarrollo de incubadoras, redes de inversionistas, fondos de capital semilla y fondos de capital de riesgo de fase temprana.
Debemos, además, atraer administradores de capital de riesgo especializados en áreas tecnológicas con redes globales. En otras palabras debemos desarrollar una ecología para el emprendimiento innovador, donde las competencias que entregan nuestras escuelas de ingeniería, entre otras, también deben ser revisadas.
Este artículo fue publicado originalmente en el diario La Tercera el 9 de diciembre de 2008.



Suscribirse
Consejo Nacional de Innovación
Correo electrónico:
Diseño como herramienta para la innovación
Durante los últimos treinta años, países emergentes y desarrollados de Europa y Asia han reconocido en el diseño una oportunidad para que sus empresas puedan competir a nivel global. Es así que Finlandia, Nueva Zelandia, Corea del Sur, Singapur, Irlanda, Noruega y otros aun más consolidados como Japón e Inglaterra poseen Políticas Públicas de fomento para el uso de diseño en las empresas. Estas políticas cuentan con planes estratégicos y presupuestos permanentes que se traducen en centros o unidades ejecutivas que canalizan la política a través de instrumentos orientados a lograr que el sector empresarial desarrolle productos de clase mundial, integrando el diseño en todos los aspectos del negocio.
En el caso particular de Nueva Zelandia, el plan estratégico de diseño es administrado por un cuerpo ejecutivo llamado “Better By Design” (Mejor por Diseño) que desde el 2005 cuenta con un presupuesto de 5 millones de dólares anuales para lograr colocar cada 5 años, 50 empresas compitiendo a nivel global y generando $500 millones de dólares en esos cinco años.
Corea del Sur mantiene un programa de fomento del diseño desde la década del 70, con una infraestructura de centros de fomento repartidos por regiones en el país, cuenta con un staff de 90 personas (40 de ellos diseñadores) y un presupuesto anual de 8 millones de dólares.
Estos son algunos de los países a los cuales Chile mira en temáticas de educación, comercio, industria y competitividad, pero, ¿por qué Chile no posee entonces una Política Pública con financiamiento para fomento del diseño en las empresas?
Estimado, cuando salí de la ...
Estimado, cuando salí de la escuela de diseño en equipamiento, creía que era posible trabajar en cualquier área de la industria o sector profesional. Pero no se porqué nuestra profesión no tiene la credibilidad suficiente. Es cosa de observar los resultados de las decisiones de diseño que se adoptaron en el plan de transantiago contra todo sentido común. Se cree que nuestra labor se remite exclusivamente a dibujar bien, y no existe dentro del sector de gerencia público, otro perfil que el de las carreras profesionales tradicionales. Lamentable
Catalina Espejo