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El error de Michael Porter

Enviado por Hugo Arias V. el 03/04/2009 a las 01:10 PM

Michael Porter dice que Chile no tiene estrategia de competitividad. Se equivoca, parcialmente. El Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad formuló una estrategia integral, con foco en clusters, capital humano, ciencia y tecnología, e innovación empresarial.

Hemos planteado la meta, nada trivial, de crecer sobre el 4% per cápita anual, a fin de duplicar ese ingreso en alrededor de 15 años y asegurar así la oportunidad histórica de alcanzar el desarrollo en un horizonte realista para la mayoría de los chilenos. Para eso debemos poder competir en el mundo globalizado y por eso el Consejo ha propuesto una estrategia de innovación que implica un mayor foco en los sectores productivos con más potencial de crecimiento y un esfuerzo especial por fortalecer el capital humano a todo nivel, la ciencia de base y la innovación empresarial, como palancas fundamentales para aumentar nuestro crecimiento y productividad.

El gobierno ha ratificado la voluntad de crear una institucionalidad de innovación para la competitividad que separa el rol del Ejecutivo, responsable de la definición e implementación de las políticas, de la tarea del Consejo, que, como órgano del Estado independiente y técnico, propone una estrategia de innovación, fija prioridades y evalúa sistemáticamente el sistema de innovación y el impacto de los programas. Esta innovación institucional permite extender las políticas más allá de los períodos de un gobierno y reduce el riesgo de captura de intereses corporativos en un área que requiere una visión de muy largo plazo y en la que el Estado tiene que priorizar recursos escasos.

La Presidenta ha asumido el compromiso de avanzar con una visión moderna y decidida en la selectividad de las políticas públicas para impulsar el desarrollo de los sectores con mayor potencial de crecimiento del país, con el propósito de hacer de ellos verdaderos clusters que nos ayuden a transitar hacia la Economía del Conocimiento.

Una apuesta decidida por la calidad de la formación técnica es, por un lado, fortalecerla, con un enfoque de certificación de competencias laborales de acuerdo a las demandas del mercado (se propone llegar a 100.000 jóvenes certificados el 2010) y, por otro, el compromiso de otorgar 35 mil becas a la educación técnico-profesional, que corrige una omisión histórica que generaba una pirámide invertida en la formación superior.

Si alcanzamos estas metas, no sólo nos acercaremos a los niveles de enrolamiento terciario y al perfil de competencias de los países más desarrollados, sino que tendremos un país con trabajadores capaces de responder sin problemas a los vertiginosos cambios tecnológicos propios de un país globalizado.

En el ámbito del capital humano especializado, crear un fondo de becas de posgrado que generará US$ 240 millones al año representa una opción firme por dar un salto en un ámbito clave, que permitirá incorporar conocimiento a actividades productivas y de servicio. Porque no sacamos nada con estimular la innovación con créditos tributarios o subsidios si no avanzamos, al mismo tiempo, en el desarrollo de las personas capaces de llevar adelante la investigación científica y el desarrollo tecnológico.

Nuestro objetivo es contribuir a desarrollar un Sistema Nacional de Innovación que permita vincular a las empresas con las fuentes de conocimiento local o global, el capital humano y el capital financiero para invertir e innovar. El camino no son las medidas efectistas de corto plazo, como bajar el impuesto a las gasolinas.

 

 

Esta columna fue publicada originalmente en el diario La Tercera el 4 de junio de 2008.

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